lunes, 15 de septiembre de 2014

Él nunca sabrá

Ella abusada por todo y todos.
Él buscando una mujer a quien amar.
Un compromiso.
Una cuenta regresiva.
¿Es esta una historia de amor feliz?
O
¿Un intento de una historia de amor feliz?







I PARTE
3 días.

3 días.

3 días faltan para anunciar al mundo mi desdicha. O debo decir mi ''felices para siempre''.

24 años de mi vida. Tantos sueños que tenía en mente por hacer reducidos a nada. Supongo que la palabra clave en esa oración es ''tenía''.

Amo a mi padre. Realmente lo hago. Pero que tenga que regir mi vida sólo porque nuestro apellido deba estar enlazado con el de .... él, es tan injusto.

Que estemos en el siglo XVIII no es muy lindo que digamos. Tampoco es lindo ser la hija del jeque de tu pueblo y que deban elegir con quién pasar el resto de tu vida sólo por beneficios políticos. Sólo digo, realmente ¿las mujeres no tenemos derechos en este mundo?, pues al parecer no. No en el mío.

Así que, hoy debo presentarme con él y fingir que soy la mujer más feliz del pueblo cuando lo único que tenía en mente era la maldita cuenta regresiva.

3 días, 2 horas y 48 minutos.

Esto es tan agonizante por el amor de Dios.

Realmente siento que voy a morir asfixiada en esta puñetera habitación cuando escucho que me llaman a la puerta.

-¿Diga? - contesto. Realmente deseando que no fuera él. Aunque él no lo hubiera pensado dos veces. Ya hubiera entrado en la habitación.

-¿Señorita McFarlane?

Uff. Pesadilla evitada. Era sólo el ama de llaves. Y para agregar posiblemente mi única amiga en esta casa. Suspiro y me levanto a abrirle la puerta.

-Si, ¿que deseas Anissa?

-¿Señorita McFarlane? Debo comentar que está usted muy hermosa esta noche.

-Bryanna. Anissa, llámame Bryanna. Te lo he dicho tantas veces -río- es decir, tanto tiempo conociéndonos, ya basta de formalidades- . Le guiño un ojo y veo que su expresión se relaja y sonríe. No sé porque siempre está en tensión. Aunque a quién engaño, siempre esta en tensión por mi futuro marido, el que se la pasa todo el día gritándole. Pobre.

-Si, lo siento -le noto un breve sonrojo- Bryanna, estás muy hermosa esta noche.

Me río porque sé que no es cierto. La gente sólo me dice eso para ser amable. Pero no soy hermosa ni nada parecido. Aunque el vestido que cargo esta noche sí que es hermosísimo. Es un vestido azul turquesa que -jamás admitiría esto en voz alta- pero realmente hacen juego con mis ojos, es de entalle bajo y cuello en V, también cae en volandas y si te fijas bien es como una piel de leopardo incrustada allí. Muy imaginario, lo sé. Mejor olvidemos eso. Solo diré que el vestido es hermoso. Los aretes que cargo me los regalo mi prometido. Genial. También olvidemos eso.
Noto que mi piel escuece y quema y sé con certeza que debo estar roja como un tomate.
Carraspeo mi garganta y evito el comentario.


-Así que, ¿cuando se supone que puedo bajar a la fies.. reunión?.- Vuelvo a carraspear.

-Bueno, se supone que debe bajar cuando quiera señori.. eh, Bryanna. - me sonríe y sé que está nerviosa también. Bueno me alegra saber que no soy la única.

-Entonces ¿que esperamos? ¡Bajemos! - Intento bajar la tensión y creo que lo logro.

No sé por cuanto tiempo he estado aquí sentada tomando mi copa de cóctel y pensando en la cuenta regresiva. Mientras mi ''adorado amor'' está por ahí.

3 días. 39 minutos.

Y así perdida en mis pensamientos es cuando lo veo. Sólo a él. Y creo que me perdí para siempre. Ese fue el momento en que me tomó. 


Oh mi Dios.
Hiperventilo.
Espera.
Tienes 24 años y estás prometida.
A la mierda.
Pero que está muy bueno, te digo.
Mierda.
Me sonrió.
Se está acercando.
Debo estar roja como las cortinas de la terraza. Mierda.

-¿Señorita McFarlane?.- Salgo de mi trance para darme cuenta que el señor Collingwood estuvo hablándome todo este tiempo.

Que vergüenza.

-Discúlpeme señor Collingwood, ¿que decía? - le pregunto. Tengo suerte de que ya sea un hombre mayor y tranquilo.

-Que está usted muy hermosa esta noche señorita McFarlane, así que quiero ir directo al grano si me lo permite. Mi sobrino,  sir Rumsfeld heredero del jeque de Castillo de Leeds, antes de obtener el trono necesita asentarse, buscar una buena mujer y establecer una relación. Me han llegado noticias de que su padre le anda buscando un buen marido, ¿es eso cierto? Y espero que lo sea señorita McFarlaneorque de lo contrario me sentiré muy avergonzado.

-Bueno, eso es cierto sir Collingwood. - Mierda, aquí es donde me pregunto... ¿la maldita noticia recorrió el país hasta llegar a el Castillo de Leeds?

-Así que, como venía diciendo señorita McFarlane, mi sobrino no es un pan de Dios pero es un hombre que ha trabajado por lo que tiene. Se lo ha ganado y en sus momentos ha sabido divertirse...

En eso escucho un fuerte carraspeo que me hace respingar y voltear a ver quién era.

Si, damas. Era el sexy macho.. eh, sir Rumsfeld.



-Tío, así que me he sabido divertir ¿eh? Ya andas de casamentero de nuevo.- dice riendo.

Oh dios. Realmente es sexy. Con su ronca y profunda voz. Decido mirar a cualquier cosa cercana. Ugh, una pareja besándose, no muy agradable de ver... así que me fijo en el candelabro más cercano que tengo. Un muy lindo candelabro. Eso me recuerda a la canción esta de la mujer que no muestra su rostro en el escenario, la canción se llamaba, eh, ¡Chandelier! ¡Eso! Es una hermo...

-...conocerla.- y su sexy voz me vuelve a la realidad.

Una realidad en la que él me está mirando fijamente esperando una respuesta y yo le devuelvo la mirada sin saber muy bien que ha preguntado. Siento como su mirada recorre mi cuerpo y ¿por qué no? También le echo un vistazo al de él.

Estereotipo perfecto. Hombros anchos. Cintura pequeña y estrecha. Lindas manos. Y finalmente su rostro. Un poco amarillento para mi gusto. Ojos de color miel derretido que parecen ver a través de mi alma. Nariz respingona como la de un filósofo o científico antiguo, ¿Aristóteles, tal vez?, si, si, ya sé. No estamos en Historia así que prosigo... Oh dios como describirla? Labios hechos para el pecado. Eso, lo dije. No lo pienso repetir. Cabello corto de color chocolate café y con unos que otros rizos. Sus lunares. Esperen, es que, debo recoger mi baba y pues... eh, ¿el me estaba hablando, cierto?

Carraspeo una vez.

Dos veces.

Tres veces.

-... eh, disculpe. ¿que decía?

El ríe con esa risa profunda que hace cosas raras dentro de mí.

-Decía que.. mucho gusto en conocerla señorita McFarlane. - me sonríe con una sonrisa inmensa y llena.
-Un placer sir Rumsfeld. - trato de que no se note mi nerviosismo mientra me toma de la mano y me planta un dulce beso allí.

No diré que sentí una electricidad al chocar nuestras palmas porque eso sería muy cliché y realmente no pasó. Pero si sentí este fuego dentro de mi cuando sus labios tocaron mi mano
...

-Así que te comprometes en tres días – me pregunta con su encantadora sonrisa.

En 1 hora y 47 minutos he aprendido que sir Rumsfeld o Nathan como le gusta que lo llamen, tiene una personalidad encantadora. Ya entiendo porque las damas se morían porque el llegara. Es encantador, sabe escucharte y te entiende. Realmente estoy prendada con él. Hemos venido a la barra a tomar unos tragos y ambos hemos sacado lo mejor y peor del otro. Quién iba a decir que Nathan tenía humor, cuando todos los describían como frío y calculador -y no es que no lo sea- pero también tiene su faceta de dulce y tierno. Como cuando casi me iba cayendo y partiendo mi cuello y el adorable sir Rumsfeld me ayudó. Un encanto.

Mañana tendré una resaca de los mil demonios.

-Ajá – le respondo. Realmente no quería hablar con él de esto.

-Vaya, no pareces muy convencida. Es eso duda lo que escucho en tu voz? - como dije anteriormente, él realmente sabe escucharte.

-Ja ja – río sarcásticamente -  basta. No hay duda, estoy enamorada de mi prometido – no puedo evitar el sabor amargo de mis labios al pronunciar estas palabras intento sonreírle pero creo que me salió más como una mueca. - y no quiero hablar de esto. Por favor. Sólo pídeme otra bebida.

-Lo que usted me pida madame – veo como le pide otra bebida al camarero – así que... por que huyes del tema si estás tan enamorada? - me dice mientras me entrega la bebida .

-Ya. Dije que no quería hablar de eso. Hablemos de ti. ¿novia? ¿vives solo? ¿de donde son tus padres? ¿tienes hermanos?

-¿Estás segura que no quieres ser eh, policía? - lo observo reírse con su sonrisa llena que hace que se le cierren los ojos mientras no puedo evitar reírme con él. - No tengo novia, no soy ese tipo de hombre. ¿Crees que estaría coqueteando contigo teniendo novia? - Esperen. Lo admitió. ESTAMOS COQUETEANDO . Quiero montarme en la barra y bailar la macarena pero eso probablemente me haría ver como una loca así que me obligo a quedarme sentada y sonreírle. - Si, vivo sólo. Mi padre es de Italia y mi madre es de aquí, Londres. Y si, tengo dos hermanas.

-.... ¿Edad? ¿has asesinado alguna vez? ...


***

-... perra, hija de puta, eres una puta desvergonzada.

Mmhpm.

Que coño.

Abro un ojo para fijarme donde estoy. Sólo escucho la voz de Lenin. Insultándome. Ruedo los ojos. Qué raro.

Intento levantarme y siento un fuerte dolor de cabeza que me hace acostar de nuevo.

Maldita resaca. Lo sabía.

-.. contéstame maldita sea, no te puedo dejar sola dos minutos porque en seguida te trae a casa sir Rumsfeld y ebria.

Mierda. Sir Rumsfeld, Nathan. Quede en verme con él hoy.

-... escucha. Deja de gritarme si no quieres que te vomite encima – le digo a mi prometido.  - y si me disculpas debo salir hoy.

-¿Salir? ¿a donde coño crees que vas a ir? Hoy no sales. Si no aprendes a comportarte por las buenas pues te toca por las malas.

Lo siento antes de verlo, el puñetazo que me da en la cara es fuerte. Me tira al suelo y me patea en las costillas, me tira del cabello hasta acostarme en la cama y lo único que puedo sentir es miedo, dolor y oscuridad.

...

Me levanto al sonido de piedritas siendo lanzadas a la ventana de mi habitación. Estoy desnuda. Me miro en el espejo y no me sorprendo. Esto es normal. Estar llena de moretones y marcas. Miserable. Soy miserable.

Me pongo rápidamente un vestido de seda para estar en casa y me asomo a través de la ventana y lo que veo me sorprende.

Nathan. Está allí con una gran sonrisa en su rostro. No exactamente lo que había esperado.
Suspiro aliviada al menos no está molesto por haberlo dejado plantado.
Abro la ventana.
Nos quedamos viendo fijamente.

-Hey. - me dice. Serio.
-Hey. - le respondo.

Otro silencio.
Nos quedamos viendo aún más.
Hasta que él decide romper el hielo.

-¿Recuerdas algo de anoche? - me pregunta. Niego con la cabeza.
-Sólo partes. ¿Estás enojado?
-No. ¿Lo estás tú? - me sonríe.
-Nop. - le sonrío de vuelta.
-Oye, si me quieres recompensar por haberme dejado plantado por casi una hora en la que todos me veían como loco pues baja de una buena vez.
-No puedo. - le respondo mientra mi sonrisa se desvanece de mi rostro.
-¿Porque no puedes?.- me pregunta mientras frunce el ceño.
-No puedo. No me dejan y por favor no hagas más preguntas. - le respondo mientras miro a todos lados menos a él.
-Bueno eso es un serio problema porque si no bajas, yo subiré y te secuestraré. - me dice muy serio. Le sonrío mientras le indico que me espere un momento.

...

Salí con él. Paseamos. Comimos. Jugamos. Y le conté toda mi historia con Lenin mientras el juraba hacerle pagar todas. Me llevó a la enfermería. Me cuidó. Y realmente estoy enamorada de él.

Ahora estamos en el campo, acostados en la grama viendo las estrellas. Muy cliché lo sé pero jamás lo había hecho y es aún mucho mejor de lo que me imaginé.

-Un beso por tus pensamientos – Nathan me saca de mis pensamientos y le sonrío.
-Soy feliz. - le respondo – ahora dame mi beso.
-Lo que ordene madame.

Y fue allí. Acostados en la grama que hacía picar todo mi cuerpo. Con el sonido de los tenebrosos animales de la noche. Y pensando en que probablemente Lenin me esté buscando, tenemos nuestro perfecto primer beso.

***

Estamos en su casa. En su habitación. Tratando que quitarnos la ropa lo más rápido posible.

Nada se ha sentido tan bien como esto. Se siente bien, es real y hermoso.

-... oye, podemos para justo aquí si eso deseas.- me susurra. No, no quiero que pare. Lo deseo.
-No, no quiero que pares. Te deseo.
-Es bueno escuchar eso. Eres tan hermosa – me dice mientras retira mi sujetador al otro lado de la habitación. Su rostro esta concentrado y puedes ver claramente la tensión que sale de él. Se ve ... oh. Mmm eso es bueno.
-Oh dios mio, eso es – gimo mientras arrastra sus labios y dientes a través de mi endurecido pezón mientras que con su mano libre sostiene mi otro pecho y me estira el pezón son sus dedos índice y pulgar. Me empuja a la cama y se coloca encima mío y es cuando noto que esta desnudo a excepción de sus Calvin Klein. Se ve sexy. Lo toco por encima de sus boxers.
-Oh nena – gime mientras empuja sus caderas contra mi mano. Sonrío mientras muerdo su labio superior. Amo ese labio. - Eres mala. - suelto una carcajada mientra el hace algo muy inteligente con su mano en mi centro, por debajo de las braguitas que me hace levantar completamente mis caderas.
-Oh. No, tú lo eres. - gimo mientras el me sonríe. En poco tiempo estamos ambos desnudos y el colocándose protección. Esperen.
-Tomo la píldora – le digo.
-Oh, nena. - se me queda mirando fijamente mientras deja el paquetico plateado sin abrir en la mesita y se acerca a mi como un león a su presa.

Se coloca sobre mi mientras besa mi cuello. Quiero más. Levanto mis caderas y le clavo mis uñas en sus hombros. Un truco que descubrí, lo vuelve loco. Lo escucho gemir mientras siento la punta de su miembro en mi entrada.

-¿Estás segura de esto? - me pregunta.
-Créeme amigo, tú no quieres parar. Y yo tampoco. - le contesto y el se introduce en mi mientras ahoga una carcajada.


Cuando lo siento completo dentro de mí. Ambos gemimos y esto es el cielo. Nada ni nadie se compara a esto. Esto no es nada parecido a lo que mi prometido me obliga a hacer con él. No quiero que se mueva y no quiero moverme. El parece pensar lo mismo porque por un momento nos quedamos así disfrutando el momento. Siento que me empuja.

-¿Más? - me pregunta.
-Más. - Me da otro empujón y gimo. Nada jamás se ha sentido así.
-¿Más?
-Oh si. Más, mucho más. - me da otro empujón y esta vez no se detiene. Lleva una mano a mi centro y me toca allí mientra nos lleva a ambos a lo más alto. Le muerdo su labio superior con fuerza y ambos gemimos mientras siento que un remolino se está construyendo en mi vientre bajo.
-Me vengo. Oh joder ¡Nathan! ¡Me vengo!
-Vente para mi Brya. Vente conmigo.


Y lo hago. Si que lo hago. Gritando su nombre con fuerza. Siento otro empujón, siento que grita mi nombre y sé que ha sido igual de intenso para él. Cae encima mío y lo abrazo con mis piernas mientras rodeo su cuello con mis brazos. Sigue dentro de mí. Me besa el cuello y quiero que nos quedemos así para siempre.

-Se que esto probablemente arruinará el momento pero debo decirte algo – murmura con sus labios en mi cuello.
-Dime – le contesto.
-Te amo.

Pero tarde o temprano debemos volver a la realidad.

Sólo quedan 32 horas.

 ***

Rodeada de gente que no conozco pero que al parecer ellos sí me conocen, con mi vestido blanco de algodón y seda, de manga larga y espalda descubierta veo como Lenin sube al escenario para anunciar oficialmente nuestro ''feliz'' compromiso.

Lo escucho antes de verlo.

''... Él te conoce en todos los sentidos
Se ha memorizado cada parte de tu cara
Por dentro y por fuera, cariño, de pies a cabeza
Sí, él sabe todo lo que hay que saber...''

Doy media vuelta y allí está él. En el centro de la pista. Cantándome a mí.
Escucho mientras los hombres se sorprenden a más no poder. Como las mujeres suspiran. Como Lenin ahoga una exclamación. Pero sólo tengo ojos para él.

''...Las canciones que cantas cuando estás sola
Tú banda favorita, y la manera en la que bailas..''

Sonrío mientras él me sonríe de vuelta y es que se ve tan mono allí. Está en un traje formal azul oscuro que le queda a la perfección y lo hace parecer un mafioso importante y peligroso. 

''... Él nunca sabrá
La manera en la que mientes cuando me miras
Así que sigue tratando, pero sabes que yo veo
Todas las pequeñas cosas que te hacen lo que eres...''

Canta esa estrofa bailando alrededor de mí. Mientras yo no hago más que observarlo mientras siento todas las miradas en mí y mi cara ardiendo.

Al terminar la canción se siente un tenso silencio entre todos mientras Nathan se acerca a mí.

-Así que... - dice mientras extiende su mano hacía mí - ¿vienes conmigo?
-¿Hacía dónde? - le contesté aunque sabía que iría con él al fin del mundo.
-A donde tú quieras. Hasta el fin del mundo si es lo que deseas.

¡Bingo!

-¿por cuanto tiempo?
-Para siempre.
-Para siempre. Lo tomaré en cuenta. - le sonrío- ¿En auto o barco?

El ríe mientras me sostiene de la mano y salimos de allí.

A lo lejos puedo escuchar a Lenin gritarme.

-.. ¡VUELVE ACÁ PERRA!

Me giro para mostrarle mi mejor dedo y entro en el auto de Nathan.

-¿Crees que él sabrá lo que pasó con nosotros?
-Él nunca sabrá Ángel.
-¿Ángel? - ahogo una carcajada mientras me recuerdo de uno de mis libros favoritos. - ¿Has estado leyendo mis libros? Te amo.
-Tal vez. Esta noche pareces un ángel. No te lo he dicho pero te ves preciosa. Y pensar que ahora tengo mi propio ángel personal, sólo para mí. Mía. – me dice mientras toma mi delgada mano entre las suyas mucho más grandes y callosas. Me besa los nudillos delicadamente.- Repítelo.
-Tuya. Te amo. ¿me amas?
-Te amo.
-Bien, ahora date prisa que está por empezar la novela.

Nathan se ríe con una carcajada mientras acelera el auto. Y aquí es donde me doy cuenta que es mi héroe. No sé que será de mi familia, pienso que estarán decepcionados de mi. Y muy confundidos.

Sonrío mientras recuerdo sus palabras.

-... Él nunca sabrá – susurro al vacío.

Este es el comienzo de una nueva historia.
De mi historia.

FIN.





***

Hey! ya sé que nadie lee este blog pero decidí publicar mi primero one-shot aquí;).

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